Soltar el yo pasado

soltar el yo pasado

Soltar con amor

Soltar para sanar

Soltar el pasado

A lo largo de nuestra vida vamos a pasar por varios duelos, ya sea por pérdida de seres queridos, relaciones, amistades.

O un duelo personal donde tengas que soltar el yo pasado por alguna circunstancia inesperada y toque reestructurar tu vida y tu idea del yo.

Cuando sufrimos un duelo pasamos por varias etapas:

Negación

Al principio estamos como en un estado de shock y nos cuesta reconocer lo que nos está pasando.

Puede manifestarse con la negación de la pérdida, pero también podría ser que se le quite importancia, creer que no es importante para ti.

Ira

Después llega la ira, la frustración, el enfado, la sensación de impotencia por no poder cambiar la situación.

Es cuando se entra en el bucle de “y si hubiera hecho esto.. o lo otro…” intentando buscar el causante para atribuir la culpa de la pérdida, podría ser externo o a uno mismo.

Negociación

En esta fase aparece la esperanza, a encontrar una solución, a que las cosas no cambien.

Se tiende a pensar en el pasado y a imaginarse cómo serían las cosas ahora si se hubiera actuado de diferente manera. O lo bien que te sentirías ahora si no hubiera ocurrido la pérdida.

Depresión

En esta etapa ya se empieza a aceptar la pérdida y eso lleva a la tristeza y desesperanza.

Podría llevar al aislamiento social, desmotivación, cansancio físico, largas horas de sueño, irritabilidad.

Aceptación

Finalmente empieza a verse la luz, a aparecer la sensación de calma, una vez se acepta la realidad de la pérdida.

El duelo más conocido es el de la pérdida de un ser querido, pero el duelo se puede dar por diferentes tipos de pérdidas.

En el post de hoy voy a centrarme en la pérdida del yo pasado.

Un ejemplo podría ser cuando hay un diagnóstico por enfermedad y es necesario hacer ajustes y cambios drásticos en tu vida.

O en la jubilación, es necesario soltar ese “yo trabajador”, soltar el yo pasado.

A veces se producen circunstancias en la vida que te obligan a dejar atrás quién eres.

Te comparto mi experiencia reciente con un proceso de duelo

En Abril de 2022, comencé a tener problemas respiratorios y fatiga extrema. Esto empezó a repercutir en varios aspectos de mi vida.

Había ocasiones en las que caminar cinco minutos me dejaba totalmente sin oxígeno, hasta el punto de no poder hablar y había semanas donde el cansancio era tan intenso que no podía levantarme de la cama.

Esto fue un gran choque para mi porque mi “yo previa” a Abril 2022 era muy activa, siempre haciendo mil cosas, era muy sociable, caminaba a todos sitios, hacía caminatas largas cada fin de semana.

Me negué totalmente a aceptar que tuviera un problema de salud, tantos años cuidándome y de repente mi salud decaía.

Durante este estado de negación no hice ninguna adaptación en mi vida. Seguí haciendo multitareas, cogiendo más trabajo, apuntándome a más cursos, leyendo más libros, participando en más eventos espirituales, etc.

Pocos meses después, mi salud dio un bajón drástico, lo cual me llevó a empezar a cancelar eventos sociales, bastante a menudo, porque mi energía no me permitía levantarme de la cama.

A pesar de que mi cuerpo me estaba gritando abiertamente, yo seguía entre el estado de negación y frustración

Que pasaran los meses y no hubiera mejoría, el no entender qué pasaba, ya que todas las pruebas médicas salían bien, me hizo entrar en bucle.

A menudo pensaba: “no quiero estar así, quiero mi vida de antes, mi energía, quiero hacer las cosas que solía hacer”, “si no hubiera interactuado con cierta persona no habría pillado Covid”.

Estos eran mis pensamientos recurrentes por un tiempo, este estrés mental y emocional me llevó a un estrés físico donde volví a tener otra recaída.

Durante este tiempo había comenzado a hacer terapia somática para sanar una herida que afectaba otro aspecto físico y conseguí sanar la herida emocional y así, mi salud intestinal.

Este proceso me llevó a reflexionar sobre mi salud respiratoria y a entender que el estrés al que me estaba sometiendo yo misma por la negación podría estar empeorando mis síntomas.

Y así fue como llegué a la fase de depresión y finalmente aceptación

Fue una dualidad entre alivio y dolor, empezar a aceptar conlleva cierto alivio, pero a la vez una gran tristeza porque ya eres consciente de que hay que soltar lo que eras y que ya no volverá.

El dolor es muy intenso pero a la vez, es lo que te permite hacer cambios y dar los pasos necesarios para vivir con tu nuevo yo.

Yo decidí procesar esta fase, sintiendo el dolor, permitiéndome estar con él, sin negarlo, ni buscando distracciones.

Permitirme tener un acompañamiento social, terapia y escribir me ayudaron a procesar la fase de depresión de forma «saludable» y que no se arraigara.

En este post puedes leer por qué no es conveniente intentar eliminar los pensamientos negativos.

Finalmente, cuando llega la fase de aceptación, se siente una ligereza, no significa que ya nunca más duela.

Pero ya no pretendes ser lo que eras, dejas de luchar y aceptas lo que eres y haces lo mejor que puedes con ello.

Una vez aceptas, ya eres capaz de hacer adaptaciones e ir creando una vida adaptada a quien eres ahora y no sólo en el nivel físico.

Este tipo de procesos llevan un gran trabajo interno, de crecimiento y autoconocimiento que conlleva a un reajuste de valores

Y no sólo confío en la psicología, también creo que las energías que enviamos tienen un efecto externo e interno.

Y «casualidad» que cuando ya había aceptado y vivido mi proceso, justo llegó el diagnóstico médico y con ello el tratamiento.

Por más de un año desee tener un diagnóstico y tratamiento que no llegaba y llegó cuando dejé de buscarlo, confié, acepté y solté.

Los procesos son duros y no los cura el tiempo, los cura el trabajo interno, que siempre es más fácil cuando se hace acompañado de un profesional y de un vínculo social.

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